La comunicación es un proceso a través del cual los individuos crean relaciones entre sí. En el proceso comunicativo hay varios elementos que tenemos que tener en cuenta:
Debemos dominar todos estos elementos si queremos lograr una comunicación eficaz, seamos emisores o receptores. Debemos adaptar nuestro mensaje y canal de comunicación para que sea accesible al receptor. Igualmente, debemos buscar un contexto y un canal favorables como receptores para facilitar la transmisión del mensaje al emisor.
Comunicación verbal
La comunicación verbal es la capacidad que tiene el ser humano para comunicarse utilizando el lenguaje, tanto escrito como hablado. El instrumento de la comunicación oral o hablada es el habla y se apoya en elementos como los tonos de voz, las risas o los silencios entre otros. Por otro lado, el principal instrumento de la comunicación escrita es la escritura, en este caso apoyada por ejemplo en recursos ortográficos.
Comunicación no verbal
La comunicación no verbal es el intercambio de mensajes sin utilizar palabras. Hay 3 áreas de estudio de la comunicación no verbal:
Siempre que se lleva a cabo un proceso comunicativo, una gran variedad de barreras pueden interrumpir, dañar o anular la comunicación y hacer que los mensajes no lleguen a los destinatarios. Debido a este hecho, aparecen malentendidos. A continuación se enumeran algunas de las posibles barreras:
Barreras semánticas
Esto ocurre cuando el lenguaje, los símbolos o el vocabulario utilizados no se entienden bien. Para conseguir una comunicación eficaz es necesario utilizar un lenguaje claro, sencillo y accesible al receptor.
Barreras físicas o ambientales
Agrupación de interferencias que pueden estar presentes alrededor o en el entorno que bloquean la comunicación. Pueden ser características del entorno (lugares ruidosos), características físicas del espacio (dimensiones de una habitación), el canal que estamos usando (un teléfono), etc.
Barreras psicológicas
Barreras relacionadas con las emociones de los presentes en el momento de la comunicación: prejuicios, actitudes negativas u otras. A veces estas emociones pueden condicionar la eficacia de la comunicación.
Barreras causadas por el emisor y el hablante y el receptor
Barreras que pueden estar relacionadas con las habilidades o capacidades de los participantes (hablantes y receptores) como por ejemplo: creencias, falta de habilidades comunicativas, de atención u otras.
Como se mencionó en las unidades anteriores, a veces las personas con demencia experimentan un deterioro de la capacidad de comunicación y el lenguaje. Este hecho tiene un impacto directo en la comunicación entre los individuos.
Los cambios en las habilidades de producción y comprensión difieren en su extensión y naturaleza según el tipo de demencia y la etapa de la enfermedad. Si bien la progresión exacta de la enfermedad es diferente para cada persona, existen algunos pasos que son comunes entre las diferentes condiciones y etapas.
Inicialmente, las personas con demencia suelen tener problemas para encontrar la palabra adecuada en el momento adecuado (“anomia”) y suelen utilizar una palabra por otra, basándose en la similitud fonológica (en cuanto al sonido) o semántica (en cuanto al significado). A veces, el habla parece estar confundida y contiene comienzos falsos (paradas repentinas o cambios de tema). Esto surge de la dificultad de tener presente lo que la persona quiere comunicar mientras su pensamiento consciente lo elabora lingüísticamente. La persona puede experimentar una mayor frustración. Además, la persona puede tener problemas para seguir diálogos rápidos y complejos entre varias personas, especialmente si hay ruido de fondo. También puede haber algunas dificultades en la escritura (reduplicaciones y/u omisiones de letras, superposición y/o espaciado de letras dentro de una misma palabra, etc.).
A medida que avanza la demencia, los problemas del habla aumentan y el lenguaje se vuelve poco claro. Las dificultades a nivel pragmático y semántico aumentan considerablemente. En esta etapa el vocabulario se vuelve cada vez más limitado. La persona necesita más tiempo antes de hablar y a veces repite la misma palabra una y otra vez. La persona puede recurrir a palabras “para todo” (“la cosa”) o a pronombres (“eso”), sin dejar camino para que otra persona adivine qué es lo que está tratando de comunicar, lo que podría causar una gran frustración tanto en la persona y sus cuidadores. La persona tiene problemas para entender conversaciones cotidianas y seguir órdenes complejas (por ejemplo, “Antes de venir a la mesa, ve a lavarte las manos”), o incluso más simples. La comprensión del lenguaje figurado (por ejemplo, “Me siento triste”) también se ve comprometida, así como la comprensión de los mensajes escritos. Incluso el lado expresivo de la comunicación no verbal se deteriora: los gestos que acompañan a las palabras no siempre son congruentes, la prosodia se vuelve monótona o a veces no se corresponde con el contenido emocional del mensaje. Sin embargo, la decodificación de gestos, prosodia afectiva y expresiones faciales de su interlocutor aún se conserva relativamente bien.
En etapas posteriores, las personas parecen perder la capacidad de reconocer el habla. La persona se vuelve cada vez más lacónica y habla sólo si es estimulada, con respuestas a menudo estereotipadas. La persona repite las frases que escuchó o que ella misma ha pronunciado (“ecolalia”). A veces, la persona susurra solo una o dos sílabas. Finalmente, la persona solo puede gemir o gritar y luego enmudecer por completo. La comprensión oral se ve seriamente comprometida y la escritura y la lectura ya no son posibles. Incluso la comunicación no verbal se reduce notablemente: hay inercia motora, el rostro está desprovisto de expresión y el contacto afectivo y visual con el interlocutor es difícil.
Aquí hay algunos consejos que pueden ser útiles para desarrollar estrategias de comunicación centradas en la persona (Kitwood 1997):