Esta propuesta de intervención va enfocada a que los futuros profesionales entiendan el concepto de la intervención psicogerontologica así como sus implicaciones y las repercusiones que tiene éste en la calidad de vida. Pretendemos, partir de la situación actual, a partir de la formación dada a los participantes y de los materiales incluidos para que se lleven a cabo programas novedosos que apoyen a las personas con discapacidad intelectual, promoviendo un envejecimiento activo de la misma y planes de actuación individuales que se adapten a este proceso. La principal línea de actuación que se propone, es un cambio en las estrategias de intervención: los centros se transforman en un recurso que ofrecen soluciones eficaces a los nuevos retos planteados, garantizando que las acciones de prevención de la dependencia y promoción del envejecimiento activo tengan una adecuada implantación en los servicios residenciales.
Los principales cambios que se detectan en los servicios residenciales para personas ancianas con DI son:
CAMBIOS PSICOLOGICOS
Por lo general, la mayoría de los estudios encuentran que los trastornos del comportamiento son los más frecuentes en las personas con Discapacidad Intelectual a lo largo de todas las etapas del ciclo vital. No obstante, los trastornos del estado de ánimo y de ansiedad también aparecen frecuentemente. Los trastornos del comportamiento son normalmente patrones desadaptados de conducta que interfieren en la actividad diaria del individuo y le limitan a la hora de responder a los cambios y a las demandas ambientales. El área mayormente implicada seria la Dimensión II “Conducta adaptativa” (habilidades conceptuales, sociales y prácticas) de la última definición de la AAMR entiende por ésta “el conjunto de habilidades conceptuales, sociales y prácticas aprendidas por las personas para funcionar en su vida diaria” (Luckasson y cols. 2.002)
CARACTERÍSTICAS FACILITADORAS DE UN BUEN ENVEJECIMIENTO
Cuando hablamos de “envejecer mejor”, nos referimos a luchar por mantener la autodeterminación del individuo y mantenerse activo. Las características facilitadoras de este concepto de “buen envejecimiento” son:
Así pues, el envejecimiento se frena:
El proceso de envejecimiento conlleva el aumento de la vulnerabilidad física, psicológica y social de las personas existiendo un mayor riesgo de llegar a situación de dependencia, así como de pérdidas de apoyo social y mayor riesgo de exclusión. Afortunadamente, el proceso de envejecimiento no es lineal e inmutable, sino que el funcionamiento humano presenta una gran plasticidad a nivel biológico, cognitivo, emocional y social por lo que podremos implementar actuaciones tendentes a mejorar la esperanza de vida saludable en las personas mayores aumentando por tanto la calidad de vida y previniendo la aparición de déficit asociados a la edad. Por ello, es necesario el desarrollo de actuaciones tendentes a la consecución objetivos en cada una de las diferentes áreas de calidad de vida para garantizar un correcto funcionamiento cognitivo y físico y la participación e integración social.
DIMENSIONES INDICADORES DEL BIENESTAR PSICOLOGICO Y EMOCIONAL:
1.Bienestar Emocional
El área de desarrollo afectivo y personal se refiere al conjunto de actuaciones encaminadas a la prevención de problemas relacionados con alteraciones del estado de ánimo propias del proceso de envejecimiento, así como con el fomento del desarrollo personal en la vejez.
El inicio del proceso de envejecimiento suele ir acompañado de cambios en el plano emocional y en el comportamiento de las personas, en muchos casos como consecuencia de los cambios fisiológicos y a nivel sociofamiliar que acontecen en la vida de las personas conforme van avanzando en edad. Este proceso es independiente de la capacidad cognitiva de las personas y, por ello, se produce también entre las personas con discapacidad intelectual.
Por otro lado, sentimientos de falta de utilidad como consecuencia de la disminución en la actividad o la jubilación pueden afectar a la autoestima de la persona. En el caso de las personas con discapacidad intelectual muchas de ellas han desarrollado su profesión en centros especiales de empleo, centros ocupacionales e incluso integrados en empresas ordinarias.
Son destacables los sentimientos de incertidumbre ante el futuro o de tristeza y duelo ante las situaciones de envejecimiento/deterioro de las familias. Por otro lado, también se ponen de relieve sentimientos de soledad, desamparo y tendencia al aislamiento. Estos cambios pueden manifestarse de forma más evidente en personas con discapacidad intelectual en proceso de envejecimiento, como consecuencia de sus mayores dificultades de adaptación a los cambios, su falta de recursos para afrontarlos y, en muchos casos, a la falta de información acerca de los mismos y, por tanto, de preparación para asumirlos.
Paralelamente el porcentaje de personas con un diagnóstico dual (discapacidad intelectual y enfermedad mental) oscila entre el 30-35% (National Association of Dual Diagnosis, NADD), siendo la depresión y ansiedad los problemas de salud mental más frecuentes durante la etapa adulta. El estrés ha sido señalado como uno de los factores que en mayor medida contribuye a la presencia de trastornos psicológicos en el colectivo de personas con DI.
Cuando las personas se van haciendo mayores existe mayor probabilidad de perder parte de la red de apoyo con la que cuentan y de los contactos sociales. Las personas mayores pueden volverse más retraídas y empezar a no sentirse útiles en esta sociedad. En muchas ocasiones estos cambios acarrean problemas de otra índole relacionados con la aparición de estados de tristeza o melancolía que pueden desembocar en episodios de depresión. Podríamos definir apoyo social como el apoyo recibido o interacción entre las personas (familiares, amigos, vecinos y miembros de organizaciones sociales) con la finalidad de dar y recibir ayuda de diversa índole, básicamente apoyo espiritual, emocional, instrumental e informativo.
El apoyo social puede, por lo tanto, influir positivamente, y de forma directa, sobre la salud y el bienestar en la medida que contribuye a satisfacer necesidades humanas como las de seguridad, contacto social, pertenencia, estima, afecto… Diversos estudios demuestran como el apoyo social y la estabilidad afectiva y emocional juegan un papel central en el mantenimiento de la salud. Y en los procesos de envejecimiento.
Por ello, desde esta línea, se ponen en marcha actuaciones tendentes a aumentar la red de apoyo social de los mayores, así como a contribuir a su estabilidad emocional, psicológica y afectiva.
Los objetivos generales de toda intervención con ancianos con discapacidad intelectual debería pasar por:
Una propuesta de intervención pasaría por organizar:
El envejecimiento es considerado un factor de vulnerabilidad social que puede contribuir a aumentar situaciones de mayor susceptibilidad a la exclusión y/o la discriminación. La figura profesional en este ámbito se reconoce actualmente como indispensable para garantizar la adecuada atención y servicios a la población de personas mayores con discapacidad intelectual facilitando la integración en el sistema socio-sanitario y educativo.
Este proceso de envejecimiento en personas con discapacidad intelectual comienza a preocupar a los profesionales que desarrollan su actividad en este colectivo, especialmente por cuanto se refiere a los cambios físicos y conductuales que se originan entre estas personas a partir de una edad que oscila entre los 45-50 años y que obliga a los profesionales a modificar el tipo de actividades y a reclamar más y mejores recursos por parte de las diferentes administraciones para atender mejor a las personas mayores con discapacidad intelectual que inician un proceso de envejecimiento.
Entre los problemas con los que se pueden encontrar los profesionales a la hora de tratar con personas con necesidades especiales es la dificultad de éstas para comunicarse, debido a sus propias discapacidades, las mayores dificultades se presentan en el momento de utilizar el habla y la escritura manual como principal forma de expresión.
En algunos casos, las dificultades de comunicación y expresión pueden provocar que las personas con discapacidad intelectual presenten cambios de comportamiento (irritabilidad, alteraciones del sueño, pérdida de apetito, autoagresividad y/o heteroagresividad…) como manifestación del dolor o de malestar físico o psicológico (por ejemplo, por ansiedad ante la pérdida de un ser querido…).
Por eso es importante, que los familiares y las personas de atención directa estén atentos a dichos cambios para tratar de que la persona obtenga el tratamiento adecuado lo antes posible. Es especialmente importante, vigilar las alteraciones y cambios en el comportamiento, en la emotividad y en la comunicación, así como los declives en las capacidades de razonamiento y memoria, puesto que pueden ser indicativos de un trastorno mental o algún tipo de demencia.
La comunicación es el proceso por el que interaccionan dos o más personas con la intención de transmitir o expresar una idea, información, emoción o necesidad, y cuyo resultado es el entendimiento mutuo, el intercambio, e incluso la influencia en la conducta del otro. En muchos casos, las personas dependientes, por sus condiciones de salud, ven mermadas sus aptitudes para llevar a cabo una comunicación óptima, por lo que necesitan adaptaciones para conseguir este intercambio mutuo que es la comunicación.
Por otro lado, podemos encontrar personas con dificultades especiales para comunicarse, debido a sus propias discapacidades, y es por ello que en este apartado introducimos algunas orientaciones referidas a las necesidades que en estas situaciones pueden presentar algunas personas en situación de dependencia.
Proceso de comunicación
El proceso de la comunicación es el conjunto de comportamientos que hace posibles las relaciones humanas. Cuando dos personas o más intercambian una serie de mensajes entendemos que se encuentran interaccionando socialmente, comunicándose a partir de palabras, gestos, expresiones emocionales, etc. Decimos que esta comunicación es eficaz cuando el receptor interpreta la información dada por del emisor de forma correcta; es decir, captando el sentido con el que éste la había transmitido.
En el marco de la comunicación verbal podemos distinguir:
1. Comunicación oral o lenguaje hablado
cuya culminación es el lenguaje (sonidos articulados a partir de los que podemos emitir palabras y frases). La adquisición del lenguaje oral viene determinada por la suma de un proceso madurativo e imitativo a partir de los estímulos que rodean al ser humano desde el momento de su nacimiento y se desarrolla hasta permitirle comunicarse con los otros a través de la conversación, atendiendo a una situación concreta y en función de los contextos espacio-temporales y socioculturales. Cuando por cualquier causa fisiológica o psicológica esta adquisición no tiene lugar o se pierde a lo largo del ciclo vital, surgen las necesidades especiales de comunicación.
Podemos concretar el lenguaje como una “conducta comunicativa específicamente humana, que cumple importantes funciones a nivel cognitivo y social; que permite al hombre manifestar sus intenciones, estabilizarlas y convertirlas en reguladoras de las acciones, permitiendo al sujeto alcanzar un nivel de autorregulación cognitiva y comportamental al que sería imposible acceder sin este lenguaje”.
Uno de los trastornos más frecuentes entre las personas mayores con discapacidad intelectual es la afasia.
Esta palabra hace referencia a la pérdida de capacidad para expresarse o para comprender el lenguaje, conllevando problemas de comunicación de diversa índole. La tan desarrollada capacidad de comunicación en los humanos es la que nos permite establecer unas relaciones extensas, plenas y satisfactorias. Cuando esta capacidad se deteriora (como sucede en la mayor parte de demencias), secundariamente aparecen dificultades para garantizar el bienestar tanto de la persona enferma como de quienes le rodean.
La alteración del lenguaje puede suceder de forma brusca, como en el caso de los accidentes vasculares cerebrales, o gradualmente, como sucede en la enfermedad de Alzheimer. Es importante saber que el lenguaje puede afectarse en distintos aspectos. Fundamentalmente, las alteraciones pueden agruparse según sean de la expresión o de la recepción del lenguaje.
Así, el lenguaje expresivo se refiere a la capacidad de hablar y ser entendido. En las demencias, suele perderse de forma gradual: en un principio, lo más característico tal vez sea la dificultad para encontrar las palabras adecuadas, mientras que en fases avanzadas de la enfermedad quizá la persona parezca farfullar o murmurar, siendo francamente difícil, incluso imposible, entender lo que dice.
Por otro lado, el lenguaje receptivo supone la capacidad de entender a los demás. En la mayor parte de ocasiones, su alteración no es paralela a la pérdida del lenguaje expresivo; es decir, una persona puede entender más de lo que es capaz de decir o, al contrario, puede hablar bastante bien, pero comprender poco de lo que se le dice. Es muy importante tener la precaución de no decir nunca ante la persona enferma cosas que no queremos que oiga o comprenda, así como no hablar nunca en su presencia como si no estuviera.
Además, la alteración del lenguaje no es un buen indicador del grado de pérdida de otras funciones. O sea, una persona con una gran alteración del lenguaje tal vez pueda desenvolverse razonablemente bien en muchas actividades cotidianas.
2. Comunicación escrita
La escritura es la forma de expresión verbal creada partir de unos códigos lingüísticos de mayor complejidad, como son los sistemas de representación gráfica: pictogramas, ideogramas y el sistema alfabético (el abecedario de una lengua), que han sido seleccionados por el ser humano para comunicarse y que varían según las sociedades.
La capacidad de escribir (es decir, de fijar en un soporte material las ideas) es el resultado de una adquisición cognitiva, lingüística, perceptiva y motora determinada. La comunicación escrita ofrece numerosas ventajas para la transmisión de mensajes a personas con problemas de memoria y a pacientes con dificultades cognitivas. Por ejemplo, a través de materiales básicos, como las agendas, los diarios, etc., se apoya la intervención terapéutica y también se facilita la comprensión de los mensajes complejos.
En el caso de las personas con necesidades especiales, las mayores dificultades se presentan en el momento de utilizar el habla y la escritura manual como principal forma de expresión. Como profesionales debemos tener en cuenta a la hora de comunicarnos con cualquier usuario que es preciso seguir una serie de pautas o normas que faciliten el establecimiento de un buen proceso comunicativo y asegurarnos de que nuestro interlocutor entiende perfectamente el sentido de las informaciones que queremos hacerle llegar, para ello:
3.Comunicación no verbal
Con la comunicación no verbal se hace referencia a aquella información que se transmite al receptor sin emplear la palabra. Generalmente, se refiere al lenguaje corporal (postura, gestos, expresión facial, contacto visual, movimiento de brazos y manos, la inflexión de la voz, la secuencia, el ritmo, la cadencia de las palabras, …)
A diferencia de la comunicación verbal, ésta no se centra sólo en la transmisión de información, mensajes y conocimientos, sino que traspasa esa frontera del contenido para expresar también las emociones de la persona emisora. Además, los signos no verbales completan y apoyan o contradicen la comunicación verbal, sustituyen la comunicación oral, exteriorizan actitudes y favorecen las interacciones personales.
No debemos olvidar que toda la comunicación tiene un aspecto de contenido y un aspecto relacional. Por tanto, ambos modos de comunicación no existen por separado, sino que se complementan entre sí en cada mensaje, se superponen y retroalimentan. Existe una necesidad de combinar estos dos lenguajes; la persona, en su papel de emisor y receptor, debe traducir de uno a otro, siendo en este momento cuando pueden aparecer los dilemas de la comunicación, dando paso a la comunicación disfuncional y a las barreras de comunicación. Para conseguir una comunicación eficaz con el interlocutor debe producirse una armonía entre los mensajes verbales y no verbales emitidos, ya que en multitud de ocasiones es la discrepancia entre éstos la que entorpece el propio proceso comunicativo.
Como profesionales debemos tener en cuenta que muchos de los pacientes en situación de dependencia poseen un pobre desarrollo del lenguaje, de modo que resulta indispensable comprender el lenguaje corporal y gestual de cada usuario y captar los matices del contacto visual para comunicarnos con más eficacia y comprender Sólo una mínima parte de la comunicación es verbal; la mayor parte de la información expresada se hace a través de comunicaciones no verbales.
Debemos tener presente que la incapacidad para comunicarse con los demás acarrea a las personas dependientes consecuencias como imposibilidad de acceder a la información y aislamiento social. Ya sabemos que en el proceso de comunicación intervienen una serie de factores fisiológicos y psicológicos que están presentes tanto en el emisor como en el receptor, y que estos elementos pueden entorpecer dicho proceso; y más aún en el caso de usuarios con incapacidad.
En los procesos de comunicación, la principal barrera aparece cuando el lenguaje verbal no coincide con el lenguaje gestual o corporal pero también existen otras interferencias de tipo ambiental que pueden desvirtuar nuestras interacciones comunicativas. Como profesionales, debemos ser capaces de detectar todos estos elementos distorsionadores para evitarlos y establecer comunicaciones eficaces con los usuarios de los centros en los que desempeñemos nuestra actividad.
Las barreras que pueden bloquear el proceso de comunicación entre el cuidador y el usuario pueden ser clasificadas en tres tipos:
1. Barreras de tipo físico
Nos referimos a los factores medioambientales que rodean la interacción comunicativa y que pueden obstaculizarla. Entre otros, destacamos los siguientes:
2. Barreras de tipo fisiológico.
3. Barreras de tipo psicológico.
Hacen referencia a aquellas distorsiones que, debido a estados emocionales o déficits de tipo cognitivo, que el emisor o el receptor hacen de los mensajes. Pueden ser las siguientes:
4. Dificultades en la comprensión:
El envejecimiento es un proceso de cambio que se desarrolla de forma natural y que supone la adaptación a ese cambio por parte de la persona. A pesar de que con frecuencia van ligados los conceptos de vejez y dependencia, es necesario remarcar que es la enfermedad y no la edad la principal causa de dependencia, lo que implica que vejez no ha de ser en ningún caso sinónimo de enfermedad o dependencia. Es más, a lo largo de los últimos 20 años desde distintos estamentos se ha tratado de estimular el envejecimiento exitoso, activo o competente, conceptos todos que señalan un nuevo tipo de vejez libre de enfermedad y de incapacidad funcional.
A nivel individual, las personas pueden hacer mucho para mejorar su manera de envejecer y prevenir enfermedades. Puede afirmarse que, en ausencia de enfermedades demenciales, el funcionamiento cognitivo puede potenciarse a lo largo de la vejez a través de técnicas y medidas adecuadas Autores como Díaz-Veiga han remarcado la importancia del apoyo social a la hora de describir el funcionamiento social en la vejez. La cantidad y calidad de las relaciones que tiene un individuo y que le proveen de ayuda, afecto y autoafirmación personal tienen no sólo influencia en el funcionamiento social de la persona, sino que median en el mantenimiento de la autoestima durante la vejez y tienen una posible función amortiguadora en relación con las pérdidas.
Dada la mayor incidencia de algunas patologías concretas en personas mayores con discapacidad intelectual en proceso de envejecimiento, a la menor capacidad para la recuperación que la propia edad implica y a las dificultades que, especialmente las personas gravemente afectadas, presentan para la expresión de su malestar físico, es importante llevar un control y seguimiento específico del estado de salud de las personas con discapacidad intelectual, especialmente a partir de los 45 años.
El inicio del proceso de envejecimiento suele ir acompañado de cambios emocionarles y en el comportamiento de las personas, en muchos casos como consecuencia de los cambios fisiológicos y a nivel sociofamiliar que acontecen en la vida de las personas conforme van avanzando en edad, tengan o no discapacidad intelectual. Estos cambios pueden manifestarse de forma más evidente en personas con discapacidad intelectual en proceso de envejecimiento, como consecuencia de sus mayores dificultades de adaptación a los cambios, su falta de recursos de afrontamiento de los mismos y, en muchos casos, a la falta de información acerca de los mismos y, por tanto, de preparación para la asunción de los mismos.
Para desarrollar un envejecimiento activo positivo, la sociedad debe proporcionar a las mayores oportunidades para que puedan ser independientes, para que gocen de buena salud y para que sean productivos. Asimismo, es importante que disfruten de una mayor seguridad y comodidad, fomentando el bienestar y creando entornos ambientales más propicios y favorables. Hay que pensar más en capacitar, considerando a los mayores como participantes y contribuyentes activos de la sociedad.
Tal como ocurre al hablar de la salud de las personas mayores con discapacidad intelectual en proceso de envejecimiento, desde el punto de vista geriátrico, no existen indicadores psicológicos del inicio del proceso de envejecimiento que sean diferentes a los que aparecen en la población sin discapacidad intelectual al iniciar dicho proceso. El aspecto diferencial se centra en el momento de aparición de los mismos y en el modo de manifestarlos y/o expresarlos.
Tradicionalmente, los cambios a nivel psicológico que se producían en las personas con discapacidad intelectual, conforme avanzaban en edad se achacaban a la propia discapacidad intelectual y no se consideraban signos o síntomas indicadores de un inicio temprano del proceso de envejecimiento. Las investigaciones actuales muestran que algunos síndromes, como por ejemplo el Síndrome de Down se caracterizan por un envejecimiento prematuro y la esperanza de vida se sitúa en torno a 15 años por debajo de la de la población general.
Así pues, es importante observar los cambios que se van produciendo en la persona conforme avanza en edad para poder detectar cuanto antes todos aquellos síntomas que puedan ser indicativos de un inicio del proceso de envejecimiento y poder, de este modo, adecuar la intervención a las nuevas necesidades de la persona.
CAMBIOS EMOCIONALES Y DEL COMPORTAMIENTO
El inicio del proceso de envejecimiento suele ir acompañado de cambios emocionarles y en el comportamiento de las personas, en muchos casos como consecuencia de los cambios fisiológicos y a nivel sociofamiliar que acontecen en la vida de las personas conforme van avanzando en edad, tengan o no discapacidad intelectual.
Estos cambios pueden manifestarse de forma más evidente en personas con discapacidad intelectual en proceso de envejecimiento, como consecuencia de sus mayores dificultades de adaptación a los cambios, su falta de recursos de afrontamiento de los mismos y, en muchos casos, a la falta de información acerca de los mismos y, por tanto, de preparación para la asunción de los mismo Sentimientos de falta de utilidad como consecuencia de la disminución en la actividad o a la jubilación, que pueden afectar a la autoestima de la persona.
Recomendaciones:
CAMBIOS PSICOSOCIALES
Desde el nacimiento, la familia es la responsable del desarrollo del nuevo ser. Todos sus esfuerzos se dirigen a que la persona logre su autonomía y sepa desenvolverse en su vida diaria de la mejor manera posible. Las personas mayores con discapacidad intelectual que envejecen se encuentran dentro de un sistema familiar y social de cuidados que deben ir adaptándose a los cambios que van surgiendo.
A medida que van envejeciendo, además de enfrentarse a un deterioro físico y psíquico, aparecen nuevas circunstancias, ya que no sólo envejecen los hijos, los padres también avanzan en edad y, las fuerzas para seguir con los cuidados ya no son las mismas. La situación que se presenta es la de mayores cuidando a mayores y esto provoca que se necesiten diversos apoyos que garanticen el mantenimiento del tipo de vida llevado hasta el momento.
Es importante tratarles en función de su edad, respetando sus ritmos, sus gustos y sus elecciones. A medida que se va envejeciendo las personas se vuelven más lentos, necesitan más atención en actividades tan comunes de la vida diaria, como son vestirse, asearse, desplazarse…. A menudo cambian los gustos y preferencias en lo que a actividades se refiere. Es en este contexto en el que comienzan a plantearse cuestiones sobre el futuro, es decir, temas como la tutela futura, la residencia u hogar en el que se vivirá, la pérdida de los seres queridos,… Serán aspectos fundamentales a concretar cuando se inicia el proceso de envejecimiento tanto de la persona con discapacidad intelectual como de su familia.
Recomendaciones de intervención:
